
Criado por sus abuelos y con una carrera construida lejos de los grandes reflectores, el portero llevó a Cabo Verde a una participación histórica en el Mundial 2026 y convirtió años de esfuerzo en un legado para su país.
Josimar José Évora Dias, conocido en el fútbol como Vozinha, necesitó prácticamente toda una vida deportiva para alcanzar el escenario que había soñado desde niño. A los 40 años, el arquero defendió la camiseta de Cabo Verde en su primera participación en una Copa del Mundo y fue protagonista de una campaña que quedará en la historia del país africano.
Su camino no comenzó en una gran academia europea ni estuvo acompañado por contratos millonarios. Vozinha construyó su carrera lejos de los principales focos del fútbol internacional, superando los obstáculos propios de quien debe abrirse paso desde una nación con menor tradición y exposición deportiva.
Nació en Mindelo, en la isla de São Vicente, y pasó buena parte de su infancia bajo el cuidado de sus abuelos. Su madre debía trabajar para sostener a la familia y su padre cumplía con sus responsabilidades militares. Fueron sus abuelos quienes le dieron estabilidad y acompañaron sus primeros años, una relación tan importante que terminó vinculada con el apodo que lo acompañaría durante toda su carrera.
Aquella infancia también estuvo marcada por el fútbol en las calles y por el deseo de competir con jóvenes mayores. Antes de convertirse en el guardameta de la selección, Vozinha fue un niño que encontró en el deporte una forma de crecer, resistir y construir una identidad.
Una carrera que comenzó tarde
El salto de Vozinha al fútbol profesional fuera de Cabo Verde llegó cuando tenía alrededor de 25 años, una edad en la que muchos jugadores ya han disputado varias temporadas al máximo nivel.
Su primera experiencia internacional fue en Angola. Posteriormente pasó por clubes de Moldavia, Portugal, Chipre y Eslovaquia. No tuvo un recorrido sencillo ni permaneció siempre en los campeonatos más reconocidos, pero encontró oportunidades para competir, mantenerse vigente y continuar su desarrollo.
Uno de sus periodos más estables se produjo en Chipre, donde acumuló más de un centenar de partidos y conquistó una copa nacional. Cada etapa representó un nuevo comienzo, con cambios de país, cultura y estilo de juego.
Mientras avanzaba en su carrera de clubes, la selección de Cabo Verde se convirtió en uno de los grandes motivos para continuar. Vozinha debutó con el combinado nacional en 2012 y participó durante más de una década en el crecimiento futbolístico del país.
En algún momento llegó a contemplar la posibilidad de concentrarse únicamente en su club. Sin embargo, el sueño de disputar un Mundial seguía pendiente. No era solo una meta personal: también representaba el deseo de varias generaciones de futbolistas caboverdianos.
El apoyo que sostuvo el sueño
La familia fue uno de los principales pilares de Vozinha. Sus abuelos, quienes lo criaron, tuvieron una influencia decisiva en su vida. Aunque fallecieron años antes del Mundial, estuvieron presentes en su memoria durante el torneo.
Después de uno de los partidos más importantes de su carrera, el guardameta no pudo contener las lágrimas al recordar que las personas que lo habían acompañado en su infancia no estaban allí para verlo. Fue una celebración marcada por la alegría del objetivo cumplido y por el dolor de una ausencia imposible de ignorar.
También contó con el respaldo de su madre, quien trabajó durante años para sostener a la familia. Su presencia en el Mundial tuvo un significado especial. Después de enfrentar dificultades relacionadas con el viaje, pudo acompañarlo en Estados Unidos y observarlo representar a todo un país.
Su padre, su hermano y el entorno de la selección también fueron fundamentales. A ese respaldo se sumó el pueblo caboverdiano, tanto en las islas como en la diáspora, que acompañó al equipo durante una participación inédita.
Cabo Verde hizo historia
La clasificación de Cabo Verde al Mundial 2026 ya representaba un logro sin precedentes. Sin embargo, el equipo no se conformó con participar.
Con Vozinha como uno de sus referentes, la selección compitió ante rivales de gran tradición y avanzó a la ronda de 32 en su primera experiencia mundialista. El portero fue protagonista con varias intervenciones decisivas y se convirtió en una de las figuras más reconocidas de su país durante el torneo.
Ante Argentina, Cabo Verde llevó el encuentro hasta el tiempo extra. Finalmente quedó eliminado, pero su actuación confirmó el crecimiento de una selección que llegó al Mundial sin complejos y dispuesta a competir.
Para Vozinha, aquel partido no fue únicamente una despedida. También representó la culminación de años de esfuerzo, viajes, incertidumbre y perseverancia.
Una derrota que también dejó ganancias
El fútbol suele medir las historias mediante títulos, goles y victorias. Sin embargo, el recorrido de Vozinha demuestra que existen logros que van más allá de un resultado.
El arquero no levantó la Copa del Mundo, pero ayudó a que Cabo Verde fuera reconocido internacionalmente. Honró la memoria de sus abuelos, le permitió a su familia verlo cumplir el sueño y dejó un ejemplo para los jóvenes futbolistas de su país.
Su historia no habla de un éxito repentino. Habla de años de preparación que el mundo descubrió en un momento determinado.
Vozinha llegó al Mundial a una edad en la que muchos deportistas ya piensan en el retiro. Lo hizo después de comenzar tarde, recorrer ligas menos visibles y mantenerse durante más de una década al servicio de su selección.
Cabo Verde perdió ante Argentina, pero su arquero ganó reconocimiento, respeto y un lugar permanente en la memoria deportiva de la nación.
La historia de Vozinha recuerda que los sueños no siempre se cumplen en el momento esperado. Algunos tardan años, exigen nuevos comienzos y obligan a resistir cuando las oportunidades parecen lejanas. Pero cuando finalmente llegan, pueden representar mucho más que una victoria.